Las palabras de la innovación 

El concepto de innovar sigue siendo objeto de un curioso y recurrente debate a nivel internacional y, por supuesto, en España. Aquí no convence la definición de la Real Academia Española de la Lengua (“mudar o alterar algo, introduciendo novedades”), que es una réplica demasiado exacta de su raíz latina “innovare”, es decir, introducir algo nuevo. Tan recurrente e incierto que desde Schumpeter lanzó el tema a principios del siglo XX, han sido muchos los autores e instituciones que se han esmerado en reunir una serie de palabras que decomofinan algo tan consustancial con la Historia de la Humanidad y su futuro. Estamos, pues, ante un tema importante. 

Cuando hace poco más de dos años un grupo de personas relacionadas con el mundo de la comunicación lanzamos innovaspain.com nos pareció que una forma de sumarnos al debate era preguntar. Preguntar sin el ánimo de hacer una encuesta científica pero si cualitativa por el número y la diversidad de las personas preguntadas. Teníamos curiosidad por conocer que entienden por innovar personas con actividades tan distintas como un empresario como Villar Mir, una deportista de éxito como Gemma Mengual, un restaurador de fama mundial como Martín Berasategui o un genio del diseño y artista plástico como Alberto Corazón, por ejemplo. 
De la experiencia está a punto de salir un libro que recoge cien respuestas que, a mi entender, tiene el valor de la contestación pero también de la suma de palabras que se han utilizado. Repasando la biografía no era nuestra intención corregir a Drucker o el Manuel de Oslo, pero si destacar las palabras utilizadas y ver si tenían sentido y relación con las grandes definiciones que se han hecho de la innovación. El resultado es que sí.
Elegidas las palabras definitorias de entre las casi 16.000 utilizadas, la primera, la más utilizada, es EMPRESA. Casi el 80 por ciento de las personas consultadas perciben que la innovación es una empresa por sí misma y que la empresa es el lugar donde surge la innovación. Bastante clarificador.   
Le siguen otras tres palabras que también marcan diferencias con el resto: MEJORA, PERSONA e IDEA. Es decir, la casualidad hace que los participantes, que no tenían nada que ver unos con otros y, por supuesto, no participaban de la visión de conjunto del texto global prácticamente definen un estricto orden: Elegido el núcleo donde se innova, la segunda palabra más utilizada es MEJORA, que es la justificación; la tercera PERSONA, que es la que la lleva a cabo; y, la cuarta IDEA que, evidentemente, parece que es la chispa que desata la innovación en general.
Siguiendo con el orden de palabras más utilizadas resulta que la quinta es ORGANIZACIÓN, y sigue teniendo sentido el orden: la empresa necesita mejoras que la pueden desarrollar las personas a partir de una idea.  
Las cuatro palabras siguientes son, curiosamente, la continuación lógica de las anteriores: NUEVO, PROCESO, PRODUCTO y VALOR, que son las cuatro palabras clave que utilizan los especialistas en este tema y, por lo tanto, el núcleo de la innovación. Es decir, la idea de mejora nos lleva a intentar, por medio de un proceso, la introducción en el mercado de un producto nuevo que genere VALOR. Y sin valor no hay innovación; hay frustración, hay fracaso y… muchas ganas de empezar de nuevo.Y quedan las cuatro últimas palabras de este 12+1 que ha resultado de fijarnos en las más repetidas: CAMBIO, CONOCIMIENTO, CREAR y ACTITUD. Son tres generalidades y una llamada de atención. La empresa tiene que vivir para el cambio porque la mejora es eso; sin conocimiento es imposible porque la innovación es una superación, es la meta y el comienzo de algo que intenta ser nuevo y para ello hay que crear, aunque no sea en el sentido literal del vocablo. 
Y queda para el final la llamada de atención: ACTITUD. No puede terminar esto mejor. Las empresas deben ser conscientes de que la cultura de la innovación no nace de la nada; crece y tiene capacidad de desarrollarse en organizaciones donde la actitud de las personas es la adecuada. Nos decía Pedro Luis Uriarte, ex presidente de Innobasque, que abrió en su día la “encuesta”, que “sin innovación no hay futuro”. Podemos añadir que sin actitud no hay innovación y que por eso es necesaria la Cultura de la Innovación, que es lo que vamos a medir desde la AEC.
Elías Ramos es co-editor de innovaspain.com y miembro del Comité AEC Innovación.